![]() |
|
![]() |
FRAILES DE LA ORDEN DE PREDICADORES
|
Bogotá, Colombia, 8 de agosto de 2007 – Solemnidad de Santo Domingo Queridas hermanas en Santo Domingo: Los frailes reunidos en Bogotá para el Capítulo General de Priores Provinciales hemos conmemorado lo sucedido hace 800 años, cuando nacisteis vosotras, primer fruto del proyecto de Domingo, nuestro Padre. Jordán de Sajonia nos lo describe así: “Con la finalidad de asistir a algunas mujeres de la nobleza, cuyos familiares, a causa de su pobreza, habían sido inducidos a entregarlas a los herejes para que las educaran y sustentaran, estableció un monasterio entre Fanjeaux y Montreal, en un lugar llamado Prulla. Allí, hasta hoy, las siervas de Cristo ofrecen un grato servicio a su Creador. Por la fuerza de su santidad y la noble pureza de su inocencia llevan una vida que es beneficiosa para ellas, fuente de edificación para los demás, alegría para los ángeles y gozo para Dios (Libellus, n. 27). Junto con vosotras celebramos con alegría la fundación del Monasterio de Santa María de Prulla como la primera comunidad dominicana y el inicio de un proceso que conduciría a la confirmación de la Orden de Predicadores por el Papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216. Desde el principio, vosotras, nuestras hermanas, no sólo sois una parte esencial de la Orden sino que sois verdaderamente el corazón de la Santa Predicación y “una ayuda siempre eficaz para la vida de apostolado de vuestros hermanos (cf. Aniceto Fernández, 22 de julio de 1971, en su carta de promulgación del texto provisorio de la revisión del LCM). Los dominicos somos hombres y mujeres de la Palabra. Pero nuestras palabras quedarán vacías y sin fruto si no nacen del silencio. Cada dominico está llamado a una silenciosa atención a la Palabra de Dios, por eso vuestra vocación, en el silencio del monasterio, es para nosotros un constante recuerdo del terreno fértil de donde brota toda nuestra predicación. Durante 800 años no habéis cesado de buscar en la soledad a nuestro Señor Jesucristo, de pensar en Él y de invocar su Nombre, a fin de que la Palabra que procede de la boca de Dios no vuelva a Él vacía, sino que prospere en aquellos a quienes ha sido enviada (Constitución fundamental de las monjas). Desde vuestra vida contemplativa, guardando la clausura y silencio -sin que por ello abandonéis a la humanidad como lugar donde encontrar a Dios- trabajando y buscando la verdad, confiadas en la fidelidad de Dios, escrutando las Escrituras con corazón amante, perseverando en la oración y la penitencia – tomáis parte de un modo peculiar en la misión común de la Orden. Los frailes, reunidos aquí en Capítulo, el nº 287 en la historia de la Orden, y en nombre de nuestros hermanos dispersos a través del mundo, agradecemos que seáis predicadoras para vuestros hermanos. Gracias por recordarnos que el Evangelio exige una respuesta de entrega total como la vuestra. ¿Qué hubiéramos podido hacer sin vosotras en el pasado? ¿Qué podríamos hacer sin vosotras en el futuro? El fututo es incierto para muchos de nuestros monasterios en diversas partes del mundo en donde ya se experimentan dificultades o muy pronto se experimentarán. Sólo una estrecha cooperación entre los monasterios de esas regiones puede asegurar la continuidad de la vida monástica dominicana. Por el bien de la Orden y de su misión os prometemos nuestro apoyo en la búsqueda de soluciones que, aunque sean dolorosas, puedan garantizar el futuro de la vida monástica dominicana, que ciertamente es más importante que la mera continuidad, y a veces a cualquier precio, de algún monasterio en particular. El encuentro de las Comisiones y Consejos internacionales de la Orden -en el que participó la Comisión Internacional de las monjas -, que tuvo lugar en Prulla/Fanjeaux entre el 28 de abril y el 4 de mayo de 2006 con el lema “Reavivando el fuego de la visión de Domingo”, fue una preparación para la celebración del 800º aniversario de la primera comunidad dominicana. Al final del encuentro se envió un mensaje a los integrantes de la Familia Dominicana informándoles acerca de los acuerdos a los que se llegó y los compromisos que se asumieron. Os invitamos a que también vosotras os unáis de un modo conforme a vuestra propia vocación (cf. IDI Nr. 443; Junio 2006). Es muy difícil transmitiros la valoración y el afecto de todos los que participaron de ese encuentro, como también el deseo de conoceros más, a vosotras y a vuestra vocación. La Juventud Dominicana explícitamente expresó su deseo de “conocer mejor a las monjas y de que las monjas puedan ayudarlos a preguntarse acerca de su vocación. A los frailes y hermanas de la familia Dominicana hicieron este pedido: “A nosotros, los jóvenes, nos falta experiencia y por eso les pedimos que nos acompañéis cuando buscamos nuestro camino hacia el futuro. Por favor, seguid ayudándonos en nuestra formación dominicana”. Los laicos quisieran que las monjas fueran sus compañeras de oración. Los frailes quisieran que las monjas fueran más visiblemente el corazón de la familia por su hospitalidad y su liturgia y puedan ser así un desafío al activismo de los frailes y piden también que se comprometan con una formación permanente. En una palabra, os pedimos que abracéis a todas las ramas de la Familia Dominicana con vuestro apoyo orante, que compartáis el fruto de vuestra contemplación recordándonos una y otra vez que “todos estamos llamados a ser contemplativos, y que justamente uno de los más grandes retos que enfrenta hoy la Orden es la renovación de la vida contemplativa (cf. Timothy Radcliffe, Una ciudad fundada en lo alto de un monte). Cuando el Jubileo por los 800 años de fundación de la primera comunidad dominicana llegue a su fin empezaremos una “novena de años” desde 2008 hasta el 22 de diciembre de 2016, para celebrar el 800º aniversario de la confirmación de la Orden. Estos nueve años quisieran ser como una peregrinación a nuestros orígenes que nos ayude a redescubrir el proyecto original de Domingo, actualizado en el hoy de la Iglesia, en el hoy de la sociedad y en el hoy del mundo, y a encontrar nuevos caminos para seguir adelante. Somos conscientes de que esto nos exige a todos nosotros una conversión. Los frailes os pedimos que nos acompañéis en esta novena de años con vuestra constante oración a fin de que caminemos fieles a nuestro amor inicial (cf. Ap 2,4). Fray Carlos, el Maestro de la Orden, pidió que “todos los hijos e hijas de Santo Domingo nos dispongamos a peregrinar con alegría a nuestros monasterios; bebamos en ellos la sencilla frescura del “amor inicial”, sentándonos a los pies de Jesús, para estar con él y escucharlo. Vivamos con intensidad este tiempo de gracia compartiendo con nuestras hermanas contemplativas la alegría de su consagración, la fecundidad de su silencio, la belleza de su liturgia, su especial amor a la Palabra” (Carta anunciando el Año Jubilar, 29 de abril 2006, Prot. 50/06/465). No podemos concluir esta carta a vosotras, nuestras queridas hermanas, sin reconocer que no siempre hemos recordado el lugar único que ocupáis en la Orden. Muchas veces olvidamos que vosotras sois los primeros frutos de nuestro Padre, tan queridas por él que una de sus últimas preocupaciones fue la construcción del monasterio de Bolonia: “Es absolutamente necesario, hermanos, que se construya la casa para las monjas, aun si esto significa retrasar por un tiempo las obras en nuestra propia casa”. Domingo confió los monasterios a todos nosotros. Y nosotros hemos sido confiados a la oración y al cuidado de las monjas. Esta reciprocidad está en el corazón de la Orden. Gracias por llevar, como decía el Beato Jordán, una vida que es de beneficio espiritual para vosotras, fuente de edificación para los hombres, alegría para los ángeles y gozo para Dios. Vuestro futuro es nuestro futuro y, más aún, también el futuro de la Santa Predicación, la misión común de la Orden. Fraternalmente en nuestro Padre Santo Domingo, Vuestros hermanos reunidos en Capítulo General |
|
|
Capítulo General 2007 - ORDEN DE PREDICADORES |
|